Este año tendremos, como cada febrero, Festival de Viña. Una edición especial, prometieron hace tiempo los organizadores. Mal que mal, se trata del Bicentenario. Del país, claro, porque el festival tiene menos edad. Pero, ya se sabe, todo lo que ocurra en 2010 lleva el apellido de “Bicentenario”.Se esperaban artistas de renombre, grandes anuncios, una versión memorable del desgastado y desgastante evento veraniego. ¿Y qué tenemos? Lo de siempre: artistas mediocres, desconocidos, repetidos, como mucho alguno que fue bueno hace ya varios años y que, en el ocaso de su carrera, trata de juntar los últimos pesos para su jubilación presentándose en la Quinta Vergara.
Pese a eso, y como siempre, durante algunos días el país girará en torno al festival. Sabremos hasta el más mínimo detalle de las exigencias de los artistas. Veremos hasta el hartazgo a las fans esperando a sus ídolos en las puertas del hotel, gritando histéricas ante cualquier movimiento en la ventana de la pieza que el artista ocupa.
Tendremos, como cada año, a todos los medios instalados en Viña. Los canales de TV transmitiendo desde la terraza de algún hotel conversaciones intrascendentes de “rostros” de la estación y refritos con imágenes de ediciones pasadas, con los grandes momentos del festival. Un fijo: el Puma pidiendo “escuchar la voz del pueblo”. Periodistas despachando desde el aeropuerto la llegada de los artistas, noteros haciéndose los graciosos –con poco éxito– con los artistas y con los ciudadanos de a pie que pululan por las calles y playas de Viña.
Veremos, otra vez, la elección de la reina y su piscinazo una vez coronada. Con algo de suerte, la soberana deleitará a la audiencia con un topless, algo que a estas alturas tampoco es novedad. Si –Dios no lo quiera– es elegida alguna estrella más bien recatada, habremos de conformarnos con un poco gracioso piquero de la reina enfundada en un poco revelador traje de baño. Siempre habrá, en todo caso, alguna siliconada modelo de discoteca dispuesta a hacerse famosa y a pagar sus implantes exhibiendo generosamente su anatomía.Los noticieros de todos los canales, ya no solo de los que tienen los derechos del evento, mostrarán una y otra vez notas relacionadas con el festival. Lo mismo los programas de farándula, que inventarán polémicas donde no las hay, que buscarán acción en las fiestas nocturnas a las que asisten futbolistas, modelos y farandulilla en general, que alegarán porque no los dejaron entrar a alguna conferencia de prensa oficial. Recordarán también polémicas añejas, y podremos nuevamente ver el saludo de Marlen Olivari al público de la Quinta.
Será, está claro, un festival más. Como siempre. Un festival de pueblo, aunque los animadores cada noche saluden a toda Hispanoamérica, seguros de que alguien fuera de nuestras fronteras se digna verlo. Aunque algún trasnochado insista en que es el escenario más importante de Latinoamérica, recordando un pasado supuestamente glorioso que vio nacer, por ejemplo, a una Shakira mucho menos rubia y bastante más crespa y regordeta que la actual. Un festival no tan diferente del de la Sandía de Paine.
Novedades no hay. Solo puede salvarnos un “descuido” como el de Marlen Olivari saludando al público, brazos y pezones en alto. Una polémica como la de Ítalo Passalacqua pifiado reiteradamente y nominado a reina del festival. Un bochorno como el de buena parte de los humoristas que han pasado por Viña (apuesto mis fichas a Bombo Fica). Un gaviotazo como el de Enrique Iglesias. Un número como el de Leonardo Farkas o David Hasselhoff. René de la Vega asegurando que estaba listo para presentarse, y paseándose frente al Hotel O´Higgins. Al final, lo que se recuerda del festival son las salidas del libreto –o del vestido– mucho más que lo presupuestado con anterioridad. Eso tampoco cambiará este año.Al menos, y esa sí es una esperanza, tenemos Twitter. Porque va a dar gusto comentar online la actuación de Bombo Fica y sus chistes añejos y malos. O conversar sobre la joven promesa que actúa el lunes 22. Paul Anka se llama el chico. Intercambiar opiniones sobre las reacciones destempladas del público con Américo y Miranda!, o cómo a las señoras sesentonas se les caen hasta las tapaduras con Raphael. Este año, qué duda cabe, Twitter será el verdadero Monstruo.
Por @nadaqueaportar




















